QUIÉN SOY

Soy psicólogo clínico y trabajo acompañando procesos terapéuticos desde una mirada humana, integrativa y respetuosa del ritmo de cada persona.
Mi forma de estar en la clínica no se apoya en recetas ni en respuestas rápidas, sino en la convicción de que cada historia necesita ser escuchada en su complejidad, en su contexto y en su singularidad.

A lo largo del tiempo he aprendido que las personas no llegan a terapia solo por un síntoma. Llegan con su historia, sus vínculos, su cuerpo, sus preguntas, sus silencios y también con aquello que aún no logra decirse. Mi trabajo consiste en ofrecer un espacio donde todo eso pueda ser mirado con cuidado, sin apuro y sin juicio.

Una forma de estar en la relación terapéutica

Concibo la psicoterapia como un encuentro entre personas. Un espacio donde la presencia, la escucha y el vínculo son tan importantes como las herramientas clínicas que se utilicen.
No se trata de dirigir el proceso desde un saber externo, sino de construir junto a cada persona un espacio seguro que permita entrar en contacto con la propia experiencia, comprenderla y transformarla.

Desde esta perspectiva, el vínculo terapéutico es central: un lugar de confianza donde es posible detenerse, mirarse y elaborar aquello que duele, se repite o genera sufrimiento.

“El trabajo terapéutico comienza cuando alguien puede ser escuchado sin apuro.”

Una mirada clínica integrativa

Mi trabajo se sostiene desde un enfoque integrativo, que dialoga con distintas corrientes de la psicoterapia contemporánea al servicio del proceso de cada persona.
Esto incluye una base humanista, el trabajo psicodramático, la mirada transgeneracional, herramientas narrativas, abordajes del trauma, técnicas cognitivo-conductuales y dialécticas, prácticas de atención plena y recursos orientados a la regulación emocional.

Estas herramientas no operan como compartimentos aislados, sino como recursos que se integran de manera flexible y cuidadosa, según lo que cada proceso va necesitando.

La integración, para mí, no es solo teórica: es clínica, relacional y ética.

Acompañar procesos singulares

Cada proceso terapéutico es único.
A veces el trabajo se centra en la palabra; otras, en la emoción, el cuerpo, la escena o los vínculos. A veces se avanza lentamente; otras, se abren movimientos importantes en poco tiempo. Todo forma parte del camino.

En este espacio no se viene a ser corregido ni dirigido, sino a ser acompañado en la construcción de nuevas comprensiones, nuevas lecturas de la propia historia y nuevas formas de relación consigo mismo y con los otros.

Un espacio para pensar la propia historia

La Terapia nace como un lugar para escuchar lo que a veces no se dice.
Un espacio para comprender lo que se repite.
Un espacio para aliviar cargas que no siempre fueron elegidas.
Un espacio para construir, con cuidado, nuevas formas de estar en el mundo.