PSICODRAMA
El psicodrama es una forma de comprender y trabajar la experiencia humana que va más allá de la palabra. Parte de la idea de que muchas vivencias, conflictos y emociones no se organizan solo en el discurso, sino que se alojan en el cuerpo, en las escenas internas, en los vínculos y en los roles que cada persona ha ido construyendo a lo largo de su historia.
Desde esta mirada, la terapia se convierte en un espacio vivo, donde es posible poner en escena lo que duele, lo que se repite y lo que aún no ha podido ser dicho, permitiendo nuevas formas de comprensión y transformación.
El lenguaje de la escena
El psicodrama ofrece un lenguaje distinto al puramente verbal. A través de la acción, el movimiento, el uso del espacio y la representación simbólica, se hace posible:
explorar conflictos internos y vinculares,
dar forma a emociones complejas,
revisar escenas significativas del pasado,
ensayar nuevas posiciones frente a situaciones actuales,
ampliar el repertorio de respuestas disponibles.
La escena no busca dramatizar por dramatizar, sino hacer visible aquello que necesita ser mirado, respetando siempre el ritmo y los límites de cada persona.
Roles, vínculos e historia personal
Desde el psicodrama, comprendemos que las personas no somos entidades aisladas, sino que nos vamos configurando en relación con otros. A lo largo de la vida ocupamos distintos roles —familiares, sociales, afectivos— que dejan huellas y organizan nuestra manera de estar en el mundo.
El trabajo psicodramático permite:
reconocer roles que se han rigidizado,
comprender lealtades y mandatos relacionales,
revisar escenas vinculares que siguen activas en el presente,
abrir espacio a roles más espontáneos, creativos y vitales.
En este sentido, el psicodrama dialoga profundamente con la historia personal y transgeneracional de cada persona.
El cuerpo como vía de acceso a la experiencia
El cuerpo no es un complemento del proceso terapéutico: es una vía central de acceso a la experiencia. Muchas veces, el cuerpo expresa antes que la palabra aquello que necesita ser escuchado.
El psicodrama integra el cuerpo de manera respetuosa y cuidadosa, permitiendo:
registrar sensaciones,
identificar tensiones y emociones,
reconocer movimientos internos,
habilitar procesos de elaboración más profundos.
Siempre desde un encuadre clínico que prioriza la seguridad, la contención y el consentimiento.
Un espacio para ensayar nuevas posibilidades
El psicodrama no se aplica como una técnica fija ni obligatoria. Se integra de manera flexible, cuando el proceso lo requiere y cuando la persona se siente disponible para ese tipo de trabajo.
A veces el proceso se sostiene principalmente desde la palabra; otras veces, la escena se vuelve una herramienta central. Lo importante no es el método, sino lo que emerge y cómo se acompaña.
Cada intervención se ajusta al momento vital, a la historia y a las necesidades de quien consulta.
Un espacio para ensayar nuevas posibilidades
El psicodrama abre un espacio protegido para ensayar: decir lo no dicho, ocupar otro lugar, responder de una manera diferente, mirar una escena desde otro punto de vista.
No se trata de actuar, sino de experimentar nuevas formas de relación consigo mismo y con los otros, ampliando la libertad interna y el sentido de agencia personal.
