ENFOQUE INTEGRATIVO
En este espacio, el trabajo terapéutico se sostiene desde un enfoque integrativo, porque las personas no llegan a terapia en partes separadas, ni con un solo problema aislado. Llegan con su historia, su cuerpo, sus vínculos, sus preguntas, sus silencios y también con aquello que todavía no logra ponerse en palabras.
Hablar de un enfoque integrativo no significa mezclar técnicas al azar. Significa escuchar de manera amplia, sin reducir la experiencia humana a un único modelo explicativo. Cada proceso es distinto, y por lo mismo, requiere una forma de acompañamiento que pueda adaptarse, dialogar y ajustarse a lo que va emergiendo en el camino.
La integración, en este sentido, no es solo teórica: es clínica y relacional.
Una mirada que se construye en el tiempo
Este enfoque se ha ido construyendo a partir de la experiencia clínica, la formación continua y el trabajo con personas, parejas y grupos, integrando aportes de distintas corrientes de la psicoterapia contemporánea.
La base de este trabajo se apoya en una mirada humanista, que pone en el centro la dignidad de la persona, el respeto por su ritmo y la importancia del vínculo terapéutico como espacio de confianza y cuidado.
A ello se suman herramientas del psicodrama, que permiten trabajar no solo desde la palabra, sino también desde la acción, el cuerpo, las escenas internas y los roles que cada persona ha ido ocupando a lo largo de su historia. El psicodrama ofrece un lenguaje vivo para explorar conflictos, repetir escenas, ensayar nuevas posiciones y abrir posibilidades de cambio.
El enfoque integrativo incorpora también una mirada transgeneracional, atenta a los vínculos familiares, a las lealtades invisibles, a los silencios heredados y a las repeticiones que atraviesan generaciones. Muchas veces, lo que hoy duele o se repite tiene raíces que no comenzaron en la propia biografía, y poder mirarlas con cuidado permite aliviar cargas que no siempre han sido elegidas.
Escuchar más allá del síntoma
Desde este enfoque, el síntoma no se entiende solo como algo que hay que eliminar, sino como una señal, una forma que encuentra la historia para expresarse cuando algo no ha podido ser dicho de otro modo.
El trabajo terapéutico busca entonces:
comprender el sentido de lo que aparece,
acompañar la elaboración emocional,
favorecer nuevas lecturas de la propia historia,
y ampliar los recursos personales y vinculares.
No se trata de encajar a la persona en un diagnóstico, sino de leer el contexto, las relaciones, los momentos vitales y las experiencias significativas que han ido configurando su manera de estar en el mundo.
Un proceso cuidado y singular
El enfoque integrativo permite que cada proceso terapéutico sea único, sin recetas prefabricadas. A veces el trabajo se centra en la palabra; otras, en la escena, la emoción, el cuerpo o el vínculo. A veces se avanza lentamente; otras, se abren movimientos importantes en poco tiempo. Todo esto es parte del proceso.
Aquí no se viene a ser corregido ni dirigido, sino a ser acompañado en un espacio donde es posible detenerse, mirar(se) y elaborar aquello que necesita ser trabajado.
Un espacio para pensar la propia historia
Trabajar desde un enfoque integrativo es, en el fondo, ofrecer un espacio amplio y flexible, donde distintas miradas dialogan al servicio de la persona y su proceso.
Un espacio para escuchar lo que a veces no se dice.
Un espacio para comprender lo que se repite.
Un espacio para construir nuevas formas de relación consigo mismo y con los otros.
